Los dominios perdidos. Colectiva

Con la curaduría de Dermis León (Curatorial Bureau), la gran exposición “Los dominios perdidos” reúne en el MAVI a 25 artistas que constituyen una generación clave para entender el arte chileno post-dictadura.

La muestra presenta obras recientes de los/las artistas Carlos Araya ‘Carlanga’, Ciro Beltrán, Rodrigo Cabezas, Arturo Duclos, Coco Gonzalez Lohse, Klaudia Kemper, Sebastián Leyton, Claudia Peña, Malu Stewart, Mario Soro, Bruna Truffa, Marcela Trujillo, Kiko Zamudio y Paula Zegers. Incluye a dos artistas invitados/as, Víctor Hugo Bravo y Alicia Villarreal, más una selección de obras pertenecientes a la Colección del MAVI de Samy Benmayor, Bororo, Gonzalo Díaz, Pablo Domínguez, Omar Gatica, Pancha Núñez, Rodolfo Opazo, Francisco Smythe y Jorge Tacla.

La mayoría de los/las artistas participantes se formaron en las aulas universitarias con la ausencia de una generación de recambio definida precedente. Esta generación formaría parte de la Revuelta Vitalista, un movimiento heterogéneo de artistas que cuestionaría la realidad tomando otros derroteros de radicalidad en su actitud de vida.

La exposición tiene como objetivo relacionar a nivel discursivo los aportes a la escena local de estos/as artistas, por lo que incluye desde obras puntuales de la década de los 80s y 90s del siglo pasado pertenecientes a la Colección del MAVI hasta la producción más reciente de sus protagonistas.

A partir del juego y la imagen evocativa, la exhibición se divide en áreas de confluencias relacionales, que juntan conceptos de época, testimonios, material gráfico, audiovisual y obras.

Se presenta dentro del espacio de exhibición la serie de 15 documentales breves realizados por Klaudia Kemper (proyecto Fondart), donde prima la voz de cada uno de los 14 artistas, la curadora y el coordinador Coco González. Se incluye además una pieza audiovisual encargada especialmente para esta muestra a Luis Navarro.

La exhibición, así como el proyecto editorial y audiovisual, han sido posibles gracias a Fondart, Ley de Donaciones Culturales y Espacio O.

Lo santo y lo no tanto. Colección MAVI en Rancagua

Parte de la Colección de Arte del MAVI llega al Espacio Cultural Iglesia de la Merced, Rancagua, un recinto privado y patrimonial perteneciente a la congregación de los mercedarios, donde también se encuentran expuestas piezas de esta agrupación religiosa.

La exposición está pensada para que las obras de artistas contemporáneos chilenos de la Colección del MAVI dialoguen con estas piezas y el lugar. Los artistas de la Colección nos muestran obras donde es posible observar detalles que hacen la diferencia, formas que remiten a la iconografía religiosa y que al mismo tiempo se despegan de esta, generando preguntas y buscando respuestas.

Una de las premisas que nos ayudan a entender el arte contemporáneo es que se involucra con las ideas e imágenes que existen en la sociedad y la cultura, generando nuevas lecturas e interpretaciones, todas ellas válidas.

Esta vez la Colección de Arte del MAVI permite observar pequeños guiños que transforman el objeto sacro en un objeto de arte y viceversa. Es la primera pregunta que se hace el arte contemporáneo, al intentar determinar qué pieza es arte y qué pieza no lo es. El museo busca el acercamiento hacia nuevos públicos, facilitando una nueva lectura de su Colección y disfrutar de la obra de artistas consagrados que forman parte de ella.

Las terrazas del templo

“Las terrazas del templo” (1993) de RODOLFO OPAZO. Óleo sobre tela, 90 x 100 cm

Rodolfo Opazo (1935-2019) pertenece a la generación del 70 junto a Roser Bru y José Balmes. Sin embargo, en los comienzos de su carrera recibió especial influencia del Surrealismo gracias a su amistad con Matta, así como también de Enrique Zañartu y Nemesio Antúnez. Paulatinamente, los rasgos gestuales y figurativos evolucionaron hacia un lenguaje expresionista enmarcando su obra en lo que se denomina Neofiguración.

Su obra estuvo marcada por sus experiencias de infancia y la reflexión en torno a la muerte y el ser humano, sus maravillas y miserias. La poesía y la literatura de artistas como TS Eliot, Foucault, Huidobro y César Vallejo transformaron su obra, pasando de una mirada mística del hombre a una mucho más real, lo que se vio reflejado en su obra en el uso del color, un trazo fuerte y figuras divididas. Exploró la abstracción, sin embargo su interés por las problemáticas del hombre, lo llevaron de regreso a formas antropomórficas las que fueron tornándose cada vez más humanas. Estas figuras fueron perdiendo el contorno y la subordinación de la forma al fondo en los años 90. Los cuerpos comienzan a insertarse en la naturaleza y comienza a trabajar la atmósfera y a explorar el paisaje. Opazo usó también el erotismo como elemento de sarcasmo e irreverencia, con el fin de provocar en el espectador un estado de conciencia.

Opazo fue reconocido internacionalmente llegando a participar de importantes exposiciones como la Bienal de Sao Paulo (1959, 1965, 1975, 1977), Bienal de París (1969) y Bienal de Cuenca (1987). Fue reconocido con el Premio Nacional de Arte en 2001.