Libre de ácido. Colectiva

Esta exposición no alcanzó a inaugurarse debido al inicio de las cuarentenas asociadas al COVID-19. Es por ello que se presentó de manera online, mediante videos e imágenes.

Organizada por el Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts (NMWA) en conjunto con el Museo de Artes Visuales, esta muestra se realiza en el marco de la exhibición «Paper Routes—Women to Watch 2020» y reúne a destacadas artistas mujeres cuyo trabajo se articula en torno a las cualidades y posibilidades del papel.

Este proyecto, impulsado por el NMWA en Washington DC, ha visibilizado el trabajo de diferentes artistas a través del programa de exhibición internacional que organiza en colaboración con sus capítulos nacionales e internacionales. La obra Cornisa del palacio Vergara, de la artista Paola Podestá, fue seleccionada por el comité curatorial del museo en WDC para participar en la versión internacional del programa.

La segunda versión de WOMEN TO WATCH-CHILE, Programa de Exhibición de Obras de Artistas Mujeres del Capítulo Chileno del NMWA, reúne a prestigiadas artistas visuales tales como, Julen Birke, Amelia Campino, Teresa Gazitúa, Carolina Illanes, Ximena Izquierdo, Carolina Larrea, Pilar Mackenna, Rosario Perriello, Paola Podestá, Pilar Quinteros y Patricia Vogel.

Dentro de las múltiples características que presenta el material seleccionado, la condición de experimental, efímera, pasajera y vulnerable son fundamentales. Es importante destacar, que son representaciones difíciles de encontrar y mantener dado que se craquean, rompen, ajan y cambian de color fácilmente.

La selección propuesta por la curadora María Irene Alcalde representa a artistas de variadas generaciones que han utilizado el papel, algunas desde su fabricación, otras desde el reciclado y la reutilización, para producir obras contundentes y poderosas, que tensionan la fragilidad del material.

Residuos calcográficos. Ximena Izquierdo

En La Odisea, los compañeros de Ulises, siendo huéspedes de los lotófagos, se olvidan de todo y no piensan ya más en volver a su patria. Sólo a la fuerza serán llevados de nuevo a la nave para continuar el viaje de regreso.

Así se inicia en el mito, una historia del olvido que ha acompañado el desarrollo de la cultura humana, y que es, por antonomasia, cultura del recuerdo y que hoy en día alcanza un punto álgido dada la rapidez de los cambios en todos los ámbitos de la vida social y cultural. Hay una historia del olvido, en que la memoria perdida deja espacio a la ruptura, el derrumbe y el cambio sin contexto; ni ruta, ni destino.

La memoria es lo que hace a Ulises y sus compañeros volver a Ítaca. Y muchas de las tentaciones, como la isla de los lotófagos, obnubilan su ruta con el olvido.

Ese viaje de retorno a la niñez, a la patria primigenia, al origen y la inocencia, comienza apenas se sale de aquel mundo unitario, amable y coherente que la infancia posee inconscientemente, que la adultez añora y busca recuperar recopilando fragmentos, re-ordenando y re-significando residuos.

Ximena Izquierdo se empeña desde el afán unificador de la inocencia en dotar de memoria a los residuos de espacios y vivencias que han sido aniquilados sin sentido. Busca entre los despojos una armonía unitaria y evocadora de memoria. Ha visto el desenlace de la destrucción sistemática e inconsciente y recoge las ruinas para recrear una nueva realidad que las contenga y re-signifique, ya no utilitariamente, sino estéticamente.

¿Qué hay tras esa liviandad destructiva que nos caracteriza? Pareciera haber una disposición al derrumbe en nuestras conciencias que probablemente se ha afincado a costa de desastres naturales; terremotos, maremotos, inundaciones que son parte de nuestra identidad y han cultivado un desapego y una afinidad con la ruina.

Es significativo que siendo la naturaleza del país tan proclive a arrasar con nuestra historia, nos hayamos hecho de una segunda naturaleza interior que no se espanta con la pérdida y la destrucción, con el caos e inestabilidad de la demolición, sino que los re-crea permanentemente de manera intencional, voluntaria, como si una necesidad interna nos impeliera a buscar esa adrenalina del caos y la experiencia devastadora del escombro y el olvido.

A perder la memoria y entrar en la historia del olvido, recuperando la memoria solo a partir de los recuerdos, de la reconstrucción evocativa de lo que fue. Sin más hitos que el relato, mágico, imaginario, de una memoria que reúna nuevamente lo disperso.

La obra expuesta rescata la belleza de la manifestación energética y primaria contenida en la cordillera, como expresión de lo telúrico; lo copia, lo exfolia y recupera su residuo a modo de memoria también del todo inicial.

En otra materialidad, plasma la conjugación ondulante de las fuerzas oceánicas, que exacerbadas son capaces de devastar todo a su paso, y reorganiza también con su despojo una nueva composición que restituya la materia a una nueva función.

Izquierdo quiere aferrarse a esa inocencia restauradora del mundo embellecido, recuperar una memoria que el objeto olvidó, pero que ella restaura dándole una nueva vida. La obra nos invita a volver, renovados/as, con nuevos ojos, a casa.

Conduit, 1600 watts de consumo

Esta exposición, gestada en el taller de Gonzalo Díaz del Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile, plantea la puesta en escena de catorce autorías provenientes de distintas disciplinas. Éstas desarrollan una propuesta curatorial que involucra la utilización de energía eléctrica como hilo conductor de creación: Rosario Carmona, Cecilia Flores, Catalina González, Ximena Izquierdo, Camila Jaramillo, Sandra Molina, Pedro Montecino, Joaquín Ortúzar, Catalina Pollak, María Jesús Román, Isabel Santibáñez, Antonio Silva, Ingrid Vallverdú y Nicolás Tapia.

Curatoría: Gonzalo Díaz.