Desde mi ventana en Los Andes. Colección MAVI UC

El Museo de Artes Visuales MAVI, a través de una nueva reinterpretación de su Colección de Arte Contemporáneo Chileno, invita a repensar e imaginar “Desde mi ventana”.

Nunca como en último tiempo las ventanas y balcones se han convertido en los ojos con los que nos asomamos al mundo. Desde ahí nos apartamos de la soledad, porque la ventana nos conecta con el mundo exterior, compartimos los aplausos a los trabajadores de la salud, la música con los vecinos o se escuchan los cantos de los pájaros. Desde ahí también se visitan nuestras emociones y nuestros pensamientos toman forma en la ventana interna, la más íntima.

La ventana como motivo pictórico, cuya forma se insinúa en la misma cuadratura del lienzo, ha sido un elemento emblemático de representación artística durante siglos, y lo sigue siendo. Técnicamente, la ventana cuando se representa en una pintura funciona como un dispositivo de encuadre que facilita el acceso pictórico tanto a la naturaleza como al proceso de creación artística.

Dentro de la historia del arte, ya León Battista Alberti se pronunciaba frente a uno de sus cuadros como: “es una ventana abierta a través de la cual puedo mirar la historia”, así como también Leonardo Da Vinci dijo: “hay perspectiva allí donde el cuadro se transforma, de alguna manera, en una ventana”.

La ventana, ese objeto cotidiano por donde podemos mirarnos sin asfixia y permitir que la creatividad vuele, nos permite una atravesar su reflejo para navegar por el mundo interior. Una ventana es signo de deseo y de libertad, pero también una invitación a perder el miedo, una apertura a lo misterioso y desconocido que puede ser nuestro futuro.

“Desde mi ventana” de la Colección MAVI es un reencuentro con el arte como imagen de esperanza que pareciera indicarnos que todavía es posible ver más allá. Así se plantea la invitación a contemplar y reflexionar frente a las obras y frente a las propias experiencias actuales.

LA VENTANA COMO PASAJE

La inmensidad que nos propone la mirada a través de la ventana es el movimiento del ser humano inmóvil. Las ventanas marcan los pasos entre el interior y el exterior. En este sentido, la ventana no es una puerta, no supone un tránsito físico sino mental, de ahí es que la ventana nos entrega ese pasaje para viajar sin límites, una poderosa evocación fuera de campo desde un espacio doméstico, creando un poderoso imaginario exterior.

Las ventanas nos recuerdan aquella aspiración romántica del extrañamiento, la necesidad de ir siempre más allá, deseamos estar lejos, en otro espacio. En este sentido, la ventana es un espacio para el recuerdo y para la ausencia: una incitación a la memoria.

LA VENTANA COMO ESPEJO

Estar delante de la ventana no sólo nos conduce únicamente hacia lo que está ocurriendo afuera, sino que reclama una instropección interior, un posible encuentro con nuestro yo. Ante la ventana se vive en la frontera entre el mundo interior-cerrado y el exterior-abierto. La mirada se nos presenta como una mirada al espejo, haciéndonos mirar hacia adentro y preguntarnos, por ejemplo, ¿cómo me siento?, ¿qué deseo?, ¿quien soy?, ¿que quiero?

Ante un personaje frente a una ventana nos preguntamos ¿qué mira?, pero también ¿qué piensa?, ¿qué siente? Evoca el sueño y nos permite ver lejos, ver otras cosas, otros mundos internos. La ventana deviene como pantalla de nuestra mente.

LA VENTANA COMO VITRINA

La ventana no es sólo apertura al paisaje interior-exterior de nosotros, sino también al mundo de los otros. Las ventanas también permiten que seamos observados dentro de nuestra cotidianidad. Se convierten en el marco de las obras de nuestras propias vidas cotidianas, con escenas interiores, rincones de jardín, naturalezas muertas y figura humana que habita en un interior.

En la ventana, lo interior y lo exterior, lo próximo y lo lejano, el autor y el lector, se con-funden y se vuelven intercambiables. Toda mirada tiene multiplicidad de significados a la vez. Y es así como vemos el mundo: como algo que se encuentra fuera de nosotros, aunque no sea sino una representación mental de aquello que, simultáneamente, experimentamos en nosotros mismos.

Puente

“Puente” (1998) de MARCELA ROMAGNOLI. Escultura de madera.

Marcela Romagnoli (1970) estudió Licenciatura en Arte con mención en Escultura en la Universidad Católica de Chile.

A pesar de la tendencia constructiva en la que estuvo involucrada su generación en el periodo de su formación, que recibiría de artistas como Francisco Gazitúa, optó por el camino de la figuración y en particular de la figura humana. Trabajó grandes formatos y en materiales nobles como el mármol, el bronce, pero también la madera, sal y algunos otros no convencionales. Las temáticas centrales que abordan sus obras son el amor, la pareja y el encuentro. Cuerpos juntos o unidos por juegos de formas siempre en armonía cruzan su trayectoria.

Según señala la artista, el proceso para llegar a estas formas siempre comienza con el material mismo, de “encontrarse con él y ver qué hay ahí para comenzar a trabajarlo”. Cada uno destaca por sí mismo en sus particularidades, establece Romagnoli, el mármol en su pureza y capacidad de reflejo lumínico, la elegancia y resistencia del bronce, el brillo único de la sal, el carácter orgánico y frágil de la madera, y así.

El cuerpo de su obra se constituye por varias piezas monumentales en el espacio público, además que ha instalado en diversas ciudades del país como Santiago, Puerto Natales, Concepción, Calama, Chillán, entre otras. Figuras de gran extensión que aparecen adoptando diferentes posiciones, mostrando la doble ductilidad, del cuerpo humano y del material que le da forma.